HISTORIAS DE VOLUNTARIADO

Madre e hija, voluntarias en la alfabetización digital de mujeres mayores en Marxalenes

Andrea fue voluntaria en un programa de alfabetización digital llamado Movilizadas, del Ayuntamiento de Valencia, durante unos meses. Fue con una mujer mayor, en octubre del año pasado, en sesiones uno a uno, con seguimiento semanal posteriormente. 

A raíz de ahí, Irene Díez, responsable del voluntariado de la Casa del Voluntariado de València, le propuso ser voluntaria en el programa Movilizadas+ con cinco mujeres mayores, en su propio barrio, Marxalenes, gracias a las facilidades que ofreció el Centro de Mayores de este barrio de València. 

Con la ayuda y experiencia de su madre, Delia, Andrea diseñó un programa grupal donde el aprendizaje se desarrollara en un ambiente de seguridad, confianza y sin miedo a utilizar el móvil y equivocarse.

Hace poco estuvieron en la Casa del Voluntariado y pudimos hablar con ellas sobre esta experiencia.

¿Cómo surge hacer de voluntarias en Movilizadas+?

Andrea: Tras haber trabajado en el otro proyecto, Movilizadas, quedé en contacto con la Casa del Voluntariado y empezamos a hablar un poco de cómo podemos transformar este voluntariado en algo que se pueda hacer en grupos, o sea, un poco diferente. Al final también surge una necesidad de perder el miedo y empoderarse con el tema del móvil.

Mi abuela en los últimos años ha empezado a ir a centros de mayores y ves en ella como ha florecido como persona, pero también sus vínculos a través de esos espacios. Y fue como igual podemos nosotras contribuir a eso ya directamente en nuestro barrio. Justamente Irene Díez me comentó que en Marxalenes había un grupo de cinco mujeres interesadas en el programa de Movilizadas+.

Aquí es cuando surgió esta sinergia madre-hija, porque yo le comentaba a mi madre mucho de mi experiencia con el anterior Movilizadas y la idea de hacer esto. 

Delia: Es que yo he pasado por eso. Sé lo que les pasa. Sé el miedo que tienen. Yo acababa de pasar hace muy poco ese proceso. Yo no manejo la tecnología, solo de forma básica. Yo tenía una visión que Andrea no tenía. Ella tenía una visión que yo no tenía. Entonces, las dos, aportábamos cada una su parte de saber o de entender este proyecto.

¿Alguna anécdota con las participantes durante Movilizadas+?

Delia: A una de las participantes, le enseñamos que con la cámara de fotos se puede leer el QR, no hace falta irte a la aplicación de QR. La señora fue a la policía a hacer un trámite y un policía le dijo cómo leía el QR con el móvil y ella le explicó que lo hacía desde la foto. La señora vino diciendo que el policía no lo sabía y ella le estuvo diciendo cómo se hacía desde la cámara. La señora venía con una gratificación de haber estado en el lado opuesto, que ella normalmente no está.

Andrea: Otra anécdota. María era una de las más cautelosas, que más miedo tenía a tocar. Tuvo sus retos para ponerse la aplicación de salud y ella decía: “no, yo voy a ir al ambulatorio”. Bueno, ella no se rindió, hasta el día que lo consiguió. Esto era un principio que teníamos muy integrado en la clase: no hay un desnivel en el que nosotras enseñamos. Entre todas, podemos ayudarnos, porque siempre va a haber una cosa que igual yo no sé, pero tú sí sabes. Teníamos mucha dinámica de “miro al lado, oye, ayúdame”. La compañera le ayudó a poner una cita por teléfono. Al principio ella dijo: “ay, una cita por teléfono. ¿Qué es esto?”. A la siguiente sesión o la otra vino: “Andrea, he hecho mi primera cita por teléfono y ya tengo planeada la siguiente”. Estaba orgullosa.

Andrea: O luego Carmen, que era la más mayor, tenía 83. Además, la única que tenía un iPhone. Sin embargo, Carmen, para nuestra sorpresa, le explicas una cosa y ella iba y enseguida, lo hacía todo muy rápido, tenía como una capacidad, que las dos nos quedábamos como… increíble. En la última sesión abrimos las notas del móvil. Su marido, había fallecido hacía unos años y ella siempre hablaba que élsiempre había sido quien había hecho todo lo tecnológico en casa. Además era alguien que estaba muy vinculado con la tecnología para la época y que ella nunca había tenido que preocuparse, que ella tenía máquina de escribir. Carmen se puso a mirar sus notas del móvil y para su sorpresa, se encuentra con una nota de hace 5 o 6 años de Pepe, donde había dejado todas sus contraseñas y acceso de todo guardado. Carmen, emocionada, mirando al móvil, diciendo: “Ahora voy a poder encender el ordenador que tengo ahí en mi casa desde que Pepe falleció”.  

¿Qué tal ha sido la experiencia madre e hija? 

Delia: Muy buena, la verdad. Mi hija tiene mucho más carácter que yo y pensé que íbamos a chocar mucho y creo que cada uno ha aportado, ha diferenciado la parte que tiene cada una. Yo más desde la experiencia y ella desde la parte de su trabajo, y creo que hemos hecho un buen equipo. Hasta me sorprendí de que hayamos podido fluir en ese sentido. Muy enriquecedor. 

También es verdad que fueron cinco semanas, tampoco fue mucho tiempo. Es enriquecedor también para las madres ver el trabajo real de una hija, porque tú no conoces el contexto de tu hija trabajando.

¿Qué impacto ha tenido en el barrio?

Andrea: Se corrió la voz. En la última sesión venían y nos decían: “queremos hacerlo todo el curso, y si puedes, dos veces a la semana. Además, mucha de la gente conocida también quieren apuntarse”. Ellas eran las divinas del centro. Veían cómo les servía y lo recomendaban a sus compañeras. 

Para mí ha sido un proceso de vincularme. Yo he vivido fuera los últimos ocho años. Acababa de volver a Valencia y me planteaba cómo vincularme más a lo local, a mi ciudad, al barrio. El poder ver a personas que están cinco minutos de tu casa… y cómo generar también ese vínculo. 

¿Queréis añadir algo que no hayamos comentado?

Andrea: agradecer a Irene, y a la Casa del Voluntariado, que estuvo súper abierta a pensar este proyecto. Yo nunca me imaginé que la idea de este piloto fuese una opción voluntaria. Como que no solo existe una oferta de estructura, sino como que la Casa del Voluntaria está abierta a ver cómo se puede transformar y cómo puedes aportar un valor dentro incluso tus intereses o tus pasiones personales. 

Eso ha sido gracias al vínculo y al seguimiento de Irene, en el que constantemente estaba pendiente de cómo nosotras nos sentíamos con el proyecto, de qué necesitamos dentro de las limitaciones que pueden existir presupuestarias o equis. Nos sentimos arropadas y acompañadas. 

Delia: Fue todo muy fácil. Irene es un sol, te transmite, se preocupa por ti, de cómo estás. 

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