Historias de Voluntariado
Empezar una nueva vida lejos de casa no siempre es sencillo. Y a veces, lo más difícil no es llegar, sino encontrar tu lugar. Esto es lo que le ocurrió a Eugenia Muñoz, una mujer argentina que llegó a Valencia hace más de medio año junto a su marido y sus dos hijas. Profesora de Historia y Licenciada en Educación, de momento no puede ejercer su profesión mientras se resuelven los procesos burocráticos que necesita.
De repente, una mujer acostumbrada a trabajar y a tener sus días llenos se encontró con una situación completamente distinta. Eugenia lo resume así: «pasé de trabajar como una loca hasta diciembre a de golpe no hacer nada”.
Y ese cambio empezó a pesar: “Empezó a impactar mucho en la mente al estar con tanto tiempo libre”. Aunque cuidar de sus hijas, ambas con necesidades especiales, ocupa buena parte de su tiempo, Eugenia sentía que necesitaba recuperar una parte de sí misma. “Necesitaba hacer algo que sea para mí pero que impacte en otros”. Fue una amiga quien le dio la idea: ¿por qué no hacer un voluntariado? Eugenia siguió el consejo y acabó en la Casa del Voluntariado. Allí encontró una forma de hacer algo que necesitaba: sentirse útil, conocer gente y, al mismo tiempo, volver a poner en movimiento sus propios conocimientos y capacidades.
Así llegó hasta Movilizadas+, un programa en el que comenzó a enseñar a utilizar el móvil a dos mujeres mayores en el Espai Dones i Igualtat del Ayuntamiento de València. También empezó a colaborar con adolescentes en el barrio de Nazaret, de la mano de la entidad El Arca, y se interesó por la labor de la Fundación Pequeño Deseo, que trabaja para hacer realidad los deseos de niñas, niños y adolescentes gravemente enfermos.
Poco a poco, Eugenia fue llenando ese tiempo que antes se le hacía tan largo con algo que le devolvía energía. «Hacer voluntariado te cambia la perspectiva de todo”.
Dos mujeres, un móvil y unos cuantos miedos
En Movilizadas+ Eugenia se encontró con dos mujeres que, además, eran amigas. Eso hizo que desde el principio hubiera un ambiente cercano y distendido. Pero había un pequeño problema. Una de ellas tenía muchísimo miedo a las aplicaciones. No quería que ninguna “se metiera en sus cosas, ni en sus datos ni nada”. Por eso evitaba utilizar herramientas tan habituales como Google Maps o Facebook. Le preocupaba que pudieran observarla, buscar información sobre ella o incluso quitarle sus datos. Eugenia tenía entonces una misión que iba mucho más allá de enseñarle dónde estaba un botón: Tenía que ayudarla a perder el miedo.
Durante los cuatro encuentros del programa trató de transmitirle confianza y explicarle que, si una aplicación se utiliza y después se cierra, no ocurre nada. Y, entre explicación y explicación, también hubo espacio para el humor. Eugenia recuerda entre risas que le decía en broma: “Tengo la convicción de que vos sos espía o tenés muchos novios”. La broma funcionó.“Nos matábamos de la risa, se formó un re lindo vínculo con las tres”.
Y quizá ahí estaba una de las claves de aquellas sesiones: no se trataba únicamente de aprender a utilizar un móvil. También se trataba de crear confianza.
Deja que te lo cuente ella misma:
Cuando la alumna se convierte en profesora
Y entonces llegó uno de esos momentos que hacen que todo el esfuerzo tenga sentido. Una de las participantes tenía una amiga que necesitaba pedir cita previa en Bienestar Social, pero no sabía cómo hacerlo. Estaba “desesperada”. La solución estaba en los apuntes que la participante había ido recopilando durante el programa. Los utilizó para ayudar a su amiga y se sintió muy orgullosa cuando consiguieron la ansiada cita. Para Eugenia, ese momento representa exactamente lo que busca con el voluntariado: que las personas no dependan siempre de alguien para hacer las cosas, sino que puedan adquirir las herramientas necesarias para desenvolverse por sí mismas. Le motiva especialmente verlas “autónomas” y comprobar que, además, pueden utilizar lo aprendido para ayudar a otras personas. Porque aprender algo nuevo está bien, pero descubrir que aquello que has aprendido te permite ayudar a otra persona es otra historia.
Mucho más que aprender a usar un móvil
Para Eugenia, lo más valioso de la experiencia no fue terminar enseñando una aplicación concreta o conseguir que alguien aprendiera a hacer una determinada gestión. Fue ver cómo cambiaba la relación de aquellas mujeres con la tecnología. Al principio había miedo, dudas y dependencia. Después apareció algo mucho más importante: confianza. Y con ella llegó la autonomía.
Esa es también la razón por la que Eugenia ha decidido continuar vinculada al voluntariado en otros ámbitos. En El Arca acompaña a adolescentes, participa en excursiones y presta apoyo escolar, adaptándose a la disponibilidad de los jóvenes.
Parece que aquella pregunta que un día le hizo una amiga, ¿por qué no haces un voluntariado?, terminó abriendo muchas más puertas de las que Eugenia imaginaba.
Por qué hacer voluntariado
Si tuviera que convencer a alguien que está pensando en hacerse voluntario, Eugenia no le hablaría de grandes discursos ni de sacrificios, porque para ella es mucho más que una manera de ocupar el tiempo mientras espera poder volver a ejercer su profesión. Es una forma de sentirse útil, de conectar con otras personas, de aprender, de ayudar, y, sobre todo, de volver a sentir que tenía algo que aportar.
“Te hace sentir bien con vos misma”.


